viernes, 26 de marzo de 2010

Un bar de la calle París

Qué tal?

Marzo parece un mes de relleno. Ni se va el frío, ni llega el calor, ni viene Papa Noel, ni te toca el euromillón, ni siquieras consigues teletransportarte. A caballo entre el invierno y la primavera este mes parece no formar parte de ninguna estación. En marzo todo sigue igual. Pero parece que de momento van a mantenerlo en el calendario porque mucha gente parece reacia a no celebrar cumpleaños y/u onamásticas. Marzo es en definitiva, un mes cualquiera.

En la calle París hay un bar que merece una reseña. Desde luego a este local no se le ha reconocido ninguna estrella Michelín ni siquiera tiene un plato recomendable, sin embargo el bocadillo de lomo, bacon y queso está genial para una tarde de domingo precedida de una noche de las que se alargan. Si buscas sorprender, creéme que lo conseguirás, nada resultará como esperabas.

La proximidad de las mesas te hace partícipe de la conversación de esa pareja deteriorada por la rutina, aunque si este cuento resulta carente de tu interés, puedes escuchar el silencio de dos tipos peculiares, que sentados frente a frente consumen, de manera reiterada, latas de Fanta de naranja y botellines de Voll Damm respectivamente. Ante ésta oferta de entretenimiento sólo te queda ver el partido en la televisión. Mantener la concentración en el juego de tu equipo se hace imposible en este bar, entre otras cosas por los reiterados e involuntarios codazos del no flaco camarero que se intenta deslizar por los angostos pasillos, no dejando sin mención, los momentos en los que poniéndose entre el que os escribe y el plasma, genera auténticos eclipses televisivos.

Jose (el camarero) es campechano y quizá demasiado espontáneo para su profesión. Fuma en un extremo de la barra mientras desatiende sus funciones. Su rudo encargado, le vocea en un idioma que sólo ellos interpretan, un castellano codificado mediante el que puedes resultar ser insultado a viva voz sin enterarte. Jose fuma mientras charla con clientes frecuentes, tras pedir permiso al encargado para aceptar una invitación alcohólica, a escondidas, se toma el chupito instantes después que su jefe le hubiera instado a no hacerlo.

La mesa 7, resulta ser la 6 a la hora de emitir la cuenta. Se han juntado dos mesas. Esto desborda al personal, ¿qué ha sucedido? ha surgido una nueva amistad. Una señora que esperaba a un amigo que nunca apareció, se convierte en mejor amiga de la acompañante de un hombre que parecía estar sólo frente al televisor. Del otro extremo del bar, unos gritos periódicos:

ATLEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEETI! ATLEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEETI!

Hoy el Barça ha perdido pero he salido del local como siempre, con una sonrisa en la boca y pensando en compartir esta experiencia con vosotros.

1 comentario:

  1. Algún día (cuando el cosmos nos deje) espero que me enseñes ese bar de la calle parís...

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