jueves, 22 de abril de 2010
Calamares a la rumana
domingo, 18 de abril de 2010
No es tan fácil
viernes, 26 de marzo de 2010
Un bar de la calle París
Marzo parece un mes de relleno. Ni se va el frío, ni llega el calor, ni viene Papa Noel, ni te toca el euromillón, ni siquieras consigues teletransportarte. A caballo entre el invierno y la primavera este mes parece no formar parte de ninguna estación. En marzo todo sigue igual. Pero parece que de momento van a mantenerlo en el calendario porque mucha gente parece reacia a no celebrar cumpleaños y/u onamásticas. Marzo es en definitiva, un mes cualquiera.
En la calle París hay un bar que merece una reseña. Desde luego a este local no se le ha reconocido ninguna estrella Michelín ni siquiera tiene un plato recomendable, sin embargo el bocadillo de lomo, bacon y queso está genial para una tarde de domingo precedida de una noche de las que se alargan. Si buscas sorprender, creéme que lo conseguirás, nada resultará como esperabas.
La proximidad de las mesas te hace partícipe de la conversación de esa pareja deteriorada por la rutina, aunque si este cuento resulta carente de tu interés, puedes escuchar el silencio de dos tipos peculiares, que sentados frente a frente consumen, de manera reiterada, latas de Fanta de naranja y botellines de Voll Damm respectivamente. Ante ésta oferta de entretenimiento sólo te queda ver el partido en la televisión. Mantener la concentración en el juego de tu equipo se hace imposible en este bar, entre otras cosas por los reiterados e involuntarios codazos del no flaco camarero que se intenta deslizar por los angostos pasillos, no dejando sin mención, los momentos en los que poniéndose entre el que os escribe y el plasma, genera auténticos eclipses televisivos.
Jose (el camarero) es campechano y quizá demasiado espontáneo para su profesión. Fuma en un extremo de la barra mientras desatiende sus funciones. Su rudo encargado, le vocea en un idioma que sólo ellos interpretan, un castellano codificado mediante el que puedes resultar ser insultado a viva voz sin enterarte. Jose fuma mientras charla con clientes frecuentes, tras pedir permiso al encargado para aceptar una invitación alcohólica, a escondidas, se toma el chupito instantes después que su jefe le hubiera instado a no hacerlo.
La mesa 7, resulta ser la 6 a la hora de emitir la cuenta. Se han juntado dos mesas. Esto desborda al personal, ¿qué ha sucedido? ha surgido una nueva amistad. Una señora que esperaba a un amigo que nunca apareció, se convierte en mejor amiga de la acompañante de un hombre que parecía estar sólo frente al televisor. Del otro extremo del bar, unos gritos periódicos:
ATLEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEETI! ATLEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEETI!
Hoy el Barça ha perdido pero he salido del local como siempre, con una sonrisa en la boca y pensando en compartir esta experiencia con vosotros.
viernes, 19 de marzo de 2010
Yo, Tú, Él, Nosotros, Vosotros, Ellos y las circunstancias
Espero no resultar redundante, refiriéndome a temas "profundos" y darle pronto a ésto, un giro hacia lo absurdo. Hoy: Las circunstancias (estás a tiempo de dejar de leer).
Dentro del colectivo de los mamíferos, soy de los que piensa que las personas, a cierta edad, no cambian.
Puede parecer una sentencia apocalíptica pero se ajusta a mi realidad, a mi experiencia. Si lo que permanece invariable es nuestra esencia, las circunstancias conforman la parte variable de la fórmula. El sumatorio de las circunstancias multiplicado por la experiencia da como resultado nuestra personalidad ( a continuación de manera gráfica):
ΣCc * Ex = P
La forma de adaptarnos al medio no constituye cambio alguno en nuestra personalidad, pues acabaríamos convirtiéndonos en tarados bipolares o multipolares. Es decir, el cambio en las circunstancias que nos rodean, cambiar de amistades, de trabajo, de situación sentimental, no deben suponer cambio alguno en la esencia de uno mismo.
Cuando las circunstancias son favorables, nos sentimos satisfechos de nosotros mismos y es aquí cuando se genera, al menos en mi caso, la certidumbre y el orgullo de creer conocernos. Si bien el contexto es adverso, resulta más costoso achacarse el error. Debemos ser conscientes que el éxito o la ausencia del mismo (el fracaso) depende de uno mismo. Uno mismo está capacitado para esquivar esas sombras que no siempre son buenas compañeras de viaje.
Atravieso un frente de circunstancias favorables, espero que tú también, y no siempre es fácil pilotar en estas condiciones circunstanciales...si domináramos nuestro entorno, nuestros sentimientos en determinadas situaciones o quizá vislumbráramos el resultado de posibles decisiones, todo sería más fácil.
El riesgo es por tanto, otra variable a tener en cuenta. Quien no arriesga no gana pero el que arriesga tiene que contemplar la posibilidad de la derrota. Yo lo tengo claro, prefiero arriesgar. Y con balas para disparar y pocas cosas a las que temer, me despido hoy de tí, agradeciéndote tus minutos de lectura.
viernes, 26 de febrero de 2010
¿Que casualidad?
Más de una vez me he sentido sobrecogido por una serie de sucesos, comentarios y circunstancias que sólo pueden ser definidas por la palabra casualidad. Ni suerte, ni intuición, ni rareza, ni coincidencia, exclusiva casualidad. Sentir que por ciencia infusa, uno es capaz de vislumbrar incógnitas de manera totalmente fortuita, acojona. Cuando se encadenan tres o cuatro de estas casualidades te paras, piensas en ello, sonríes y piensas: ¡qué casualidad! continuando con la sonrisa en la boca. En este momento empieza a generarse en tu (sub)consciente una especie de sentimiento de superhéroe "casualístico".
La güija o el espiritismo, el avistamiento de ovnis o las abducciones, el contrato fijo o la prejubilación y demás subjetivas creencias -increíbles-, son casos que nada tienen que ver con las peculiares características del fenómeno de las casualidades. Siento no poder ilustraros con un ejemplo pero aún usando las palabras más certeras, no podría transmitir la sensación. Quizá tu también seas un superhéroe y vayas siguiendo el hilo, mejor (necesitamos disfraz).
¿Cómo definirlo? ¿Cómo explicar algo que carece de explicación? Pues muy sencillo. La alineación de los planetas provoca entre otras cosas, el fenómeno de las casualidades. Mediante la distribución asteroide y soplar la flauta, se genera en ocasiones, el sonido de dicho instrumento. Entre otras cosas, la cuadratura astronómica provoca crisis económicas, guerras, pobreza y demás despropósitos, a diferencia que en estós casos algún mamífero sopla, pero la gaita.
Con poco más que escribir, quiero despedirme compartiendo con vosotros mi total agnosticismo sobre cualquier tipo de fenómeno ajeno a las casualidades. Hay muchas formas de ver la vida, pero desde luego, estoy en total desacuerdo con aquellas posturas, en las que las suertes, se tienden a fuerzas de causa mayor. Creo en mí (y en mis casualidades).
sábado, 13 de febrero de 2010
¿Utopía?
De un tiempo a esta parte se va apoderando de mí una especie de animadversión hacia el compromiso. Basta que aparezca un ápice del mismo para generarme una especie de principio alérgico que me acaba convirtiendo en un auténtico cabrón.
Desaparezco con la sutileza de un funambulista, o hago desaparecer proyectos o ilusiones que conlleven un mínimo compromiso. Lo que peor se lleva es sentir que se ha defraudado a alguien. Generalmente no doy pie a que se den circunstancias tales como para ser acusado de fraude, pero nunca se sabe. La desembocadura de este comportamiento es pasar sin pena ni gloria por detrás del telón que te separa del escenario. Figurante sin guión que no se acaba de enterar de qué iba la película.
El compromiso en las relaciones se hace extensivo a otros ámbitos. Encontrar un hueco laboral se complica, más si cabe, ante la duda de cambiar de aires. Me encantaría permanecer una temporada con la tranquilidad de pertenecer a una agencia de publicidad de la ciudad condal, pero me aterra no poder contemplar la posibilidad de huída. Me paro a pensar y me doy cuenta de que tristemente, el único compromiso actual que no me aterra es con Movistar.
Comprometerse desprende más futuro que presente. En el mismo momento, la acción carece de importancia, no significa nada hacerlo, tomará significado con el tiempo. Ante la imposibilidad de vislumbrar mi vida más allá de pasado mañana, resulta complicado adquirir cualquier forma de compromiso.
Entre otras especies, comparto piso con un olvidado bonsai en estado terminal. Quizá su enfermedad venga de una falta de compromiso por su descuidado cuidador. Creo que en un futuro próximo expirará y nadie lo echará de menos.
Me encantaría comprometerme sin sentirme comprometido. ¿Utopía?
martes, 9 de febrero de 2010
7:34 am
Lo había vuelto a hacer. No sabía ni cómo ni por qué, pero había vuelto a caer y ahora me sentía mal. Fatal. Tenía ganas de llorar, pero ni siquiera tuve esa mínima autocompadecencia para permitírmelo. No merecía ni eso. Haciendo “eses” por la calle, encendí un cigarrillo que ni siquiera quería fumar, mientras rebuscaba en los bolsillos con la esperanza de encontrar lo justo para el bus de vuelta a casa.
Todavía tenía grabado el olor de su sexo en la boca, nariz y pómulos, y lo que antes había sido para mis sentidos una agradable experiencia, ahora me producía esa extraña sensación que uno tiene justo antes de vomitar. Intentaba consolarme, pensar que mi comportamiento respondía a una situación que yo no había elegido, y que no me había quedado mas opción que esa para evadirme del fracaso que sobrevolaba mi relación. Era eso o admitir que era otro tipo cabrón del montón, de los que van a lo suyo sin importarles las mujeres que tanto les cuidan y les apoyan.
Las calles de la ciudad ya se estaban despertando, abriendo paso a repartidores de periódicos, señoras que limpiaban los portales de los edificios céntricos de la ciudad y jóvenes trajeados que pretendían apuntarse un tanto llegando una hora antes al trabajo. Me dolía el cuello, la parte alta de la espalda, y los brazos, sin duda doloridos por un sobreesfuerzo al que ya no estaba acostumbrado. Subí por una gran avenida, dejando el mar a mis espaldas, con el continuo deseo de volverme una vez más para mirarlo, para verlo en calma. Sería por eso mi anhelo, por las ganas que tenía de volver a casa y llorar tranquilo, en calma. Cuando llegué a la parada tuve que destacar más de lo normal, y mi ropa de fiesta y mi cara de no haber pegado ojo lo decían todo sobre mí. Tanto fue así que una señora me ofreció un caramelo de café y una sonrisa comprensiva, como diciéndome que no había nada en este mundo que ese caramelo no curase. Así que accedí, y me senté a pensar lo buena y lo mala que era mi vida, según la pusiera del derecho o del revés.
Mi historia acaba aquí, viendo llegar el autobús a lo lejos, porque luego no pasó nada, nada importante quiero decir. Seguí con mi vida, y con la penitencia de llevar eso dentro, que me quemaba, que me corroía las entrañas. Era la última vez que lo hacía, eso si lo tenía claro. Hoy le he pedido que se case conmigo, y a ella sólo le ha salido llorar y sonreír, y a mi también. La diferencia entre nuestras lágrimas es evidente. Ella porque me quiere y porque no se imagina su vida sin mí, y yo porque sé que nunca jamás estaré a su altura.
Pablo Orozco
viernes, 5 de febrero de 2010
Un día cualquiera
He decidido "hacer público" el blog, así que bienvenidos curiosos lectores.
Un día cualquiera cuesta levantarse de la cama, cuesta de igual manera arrastrarse hasta la ducha, una vez allí, somos conscientes de que es posible dormir en posición vertical. La motivación que tenemos ante un día cualquiera, es directamente proporcional a la proximidad de un día señalado (nunca fui de hacer circulitos en los calendarios).
Me agobia la rutina pero a la vez la considero necesaria, sin ella, los días especiales perderían un 99% de especialidad...
Un día cualquiera te introduces en el vetusto ascensor de París 154, con la vecina del cuarto y su carro de la compra, con su nieta y su innecesario carricoche...la situación no es logísticamente idónea para el descenso, pero hay algo más: "Dile buenos días a este señor" -tengo 24-.
Un día cualquiera, alguien que no te esperas se acuerda de tí, quien menos te imaginas...
Bajas únicamente por ese producto tan necesario para tí, pero terminas coleccionando latas en tu despensa. Se te ha olvidado la coca-cola...
Un día cualquiera te enamoras en el transporte público y sientes fervorosamente que el sentimiento es correspondido. Ella baja y estás mas seguro que nunca, la próxima vez haré lo mismo: nada...
Un día cualquiera te das cuenta de que algo que falla en tu vida...
Un día cualquiera tu móvil recibe un total de cero llamadas y ningún mensaje...
Un día cualquiera te vuelves a acordar de aquélla persona, te preguntas ¿cómo le irá? pero no te contestas. Ojalá que bien...
viernes, 22 de enero de 2010
A la espera
A veces en la vida permanecemos a la espera, esperas temporales o esperanzas. Muchas veces, estos momentos generan un lazo en la garganta que angustiándonos, son indicativos de algo que puede mejorar o empeorar nuestro día a día.
Últimamente pienso en el desamor. Puede que os esté empezando a generar pesimismo, pero nada más lejos, es una opinión, la mía, tan o menos válida como la de cada uno. Creo que el amor pasa por tres estados naturales.
Empieza por el sólido, lo puedes tocar, te ilusiona, te hace sentir afortunado, te parece haber acertado de una vez y te hace entrar en trance de enamoramiento. Cuando las cosas no pueden ir mejor, inevitablemente van a peor y el amor pasa a un estado líquido.
En el estado líquido las partículas tienen menos cohesión, están más desordenadas. Es aquí cuando añoras aquél tiempo en el que parecías sentir algo tan tangible...Te das cuenta de aquél futuro prometedor que sentías en el inicio, quizá ahora hayas dejado de fantasear con la vida eterna a su lado, te das cuenta de que algún detalle que antes no importaba empieza a incomodarte...
Bienvenido al principio del fin, al estado gaseoso en el que todo está disperso, estado de desorden descontrolado, estado que precede al exterminio de las partículas que algún día tenías la sensación de tocar. Estado en el que ese detalle incómodo, pasa a ser el mayor defecto que recodarás de aquella persona.
Si nos mantenemos a la espera de que las cosas vayan a peor, irremediablemente irán a peor. No pensemos de más, no nos mantengamos a la espera de algo ideal, de la vida ideal, seamos felices no siendo conformistas, pero no nos mantegamos a la espera de algo que puede no llegar. La única que permanece a la espera, llamádme pesimista, es Doña Muerte.
miércoles, 13 de enero de 2010
Lejos del sur, lejos de casa...
Poco a poco estoy siendo más consciente del estímulo para publicar. Creo que el apretón narrativo tiene su origen en los días grises. Espero conseguir inspiración en los happy days, aunque los aprovecharé de tal forma que el momento de plasmarlo en letras, pueden haber terminado...la pescadilla que se muerde la cola.
Hoy ha sido un día gris y lluvioso en Barcelona, a esta hora el cielo ya ha ennegrecido y no voy a comprobar si ha dejado de llover. Atrás han quedado días inmejorables de navidad, hasta el punto de no querer regresar a esta maravillosa ciudad. En realidad nadie quería volver a su vida fuera de casa, erasmus incluídos.
El síntoma inequívoco de haber sido feliz se da cuando, a posteriori, te aplaca (de forma pasajera) la tristeza, la melancolía y la contención lagrimal ante un día lluvioso y grisáceo.
De las pocas frases célebres que he podido memorizar a lo largo de mi vida, ésta, directamente relacionada con el tema sobre el que os escribo:
"Cuando ya nada pueda devolvernos aquel tiempo del esplendor en la hierba y el color en las flores, no te aflijas, pues la belleza subsiste en el recuerdo"
Y con ésta frase resumen del post, me gustaría hoy más que nunca, deciros que lejos del sur, lejos de casa, valoro muchísimo el compartir mis letras con vosotros.