viernes, 22 de enero de 2010

A la espera

Que tal, estimados lectores?

A veces en la vida permanecemos a la espera, esperas temporales o esperanzas. Muchas veces, estos momentos generan un lazo en la garganta que angustiándonos, son indicativos de algo que puede mejorar o empeorar nuestro día a día.

Últimamente pienso en el desamor. Puede que os esté empezando a generar pesimismo, pero nada más lejos, es una opinión, la mía, tan o menos válida como la de cada uno. Creo que el amor pasa por tres estados naturales.

Empieza por el sólido, lo puedes tocar, te ilusiona, te hace sentir afortunado, te parece haber acertado de una vez y te hace entrar en trance de enamoramiento. Cuando las cosas no pueden ir mejor, inevitablemente van a peor y el amor pasa a un estado líquido.

En el estado líquido las partículas tienen menos cohesión, están más desordenadas. Es aquí cuando añoras aquél tiempo en el que parecías sentir algo tan tangible...Te das cuenta de aquél futuro prometedor que sentías en el inicio, quizá ahora hayas dejado de fantasear con la vida eterna a su lado, te das cuenta de que algún detalle que antes no importaba empieza a incomodarte...

Bienvenido al principio del fin, al estado gaseoso en el que todo está disperso, estado de desorden descontrolado, estado que precede al exterminio de las partículas que algún día tenías la sensación de tocar. Estado en el que ese detalle incómodo, pasa a ser el mayor defecto que recodarás de aquella persona.

Si nos mantenemos a la espera de que las cosas vayan a peor, irremediablemente irán a peor. No pensemos de más, no nos mantengamos a la espera de algo ideal, de la vida ideal, seamos felices no siendo conformistas, pero no nos mantegamos a la espera de algo que puede no llegar. La única que permanece a la espera, llamádme pesimista, es Doña Muerte.

miércoles, 13 de enero de 2010

Lejos del sur, lejos de casa...

Queridos lectores y queridas personas que me leeis, disculpad mi retraso. Hoy de nuevo me vuelve a invadir la necesidad de compartir mis sensaciones con vosotros.

Poco a poco estoy siendo más consciente del estímulo para publicar. Creo que el apretón narrativo tiene su origen en los días grises. Espero conseguir inspiración en los happy days, aunque los aprovecharé de tal forma que el momento de plasmarlo en letras, pueden haber terminado...la pescadilla que se muerde la cola.

Hoy ha sido un día gris y lluvioso en Barcelona, a esta hora el cielo ya ha ennegrecido y no voy a comprobar si ha dejado de llover. Atrás han quedado días inmejorables de navidad, hasta el punto de no querer regresar a esta maravillosa ciudad. En realidad nadie quería volver a su vida fuera de casa, erasmus incluídos.

El síntoma inequívoco de haber sido feliz se da cuando, a posteriori, te aplaca (de forma pasajera) la tristeza, la melancolía y la contención lagrimal ante un día lluvioso y grisáceo.

De las pocas frases célebres que he podido memorizar a lo largo de mi vida, ésta, directamente relacionada con el tema sobre el que os escribo:

"Cuando ya nada pueda devolvernos aquel tiempo del esplendor en la hierba y el color en las flores, no te aflijas, pues la belleza subsiste en el recuerdo"


Y con ésta frase resumen del post, me gustaría hoy más que nunca, deciros que lejos del sur, lejos de casa, valoro muchísimo el compartir mis letras con vosotros.