Que tal, estimados lectores?
A veces en la vida permanecemos a la espera, esperas temporales o esperanzas. Muchas veces, estos momentos generan un lazo en la garganta que angustiándonos, son indicativos de algo que puede mejorar o empeorar nuestro día a día.
Últimamente pienso en el desamor. Puede que os esté empezando a generar pesimismo, pero nada más lejos, es una opinión, la mía, tan o menos válida como la de cada uno. Creo que el amor pasa por tres estados naturales.
Empieza por el sólido, lo puedes tocar, te ilusiona, te hace sentir afortunado, te parece haber acertado de una vez y te hace entrar en trance de enamoramiento. Cuando las cosas no pueden ir mejor, inevitablemente van a peor y el amor pasa a un estado líquido.
En el estado líquido las partículas tienen menos cohesión, están más desordenadas. Es aquí cuando añoras aquél tiempo en el que parecías sentir algo tan tangible...Te das cuenta de aquél futuro prometedor que sentías en el inicio, quizá ahora hayas dejado de fantasear con la vida eterna a su lado, te das cuenta de que algún detalle que antes no importaba empieza a incomodarte...
Bienvenido al principio del fin, al estado gaseoso en el que todo está disperso, estado de desorden descontrolado, estado que precede al exterminio de las partículas que algún día tenías la sensación de tocar. Estado en el que ese detalle incómodo, pasa a ser el mayor defecto que recodarás de aquella persona.
Si nos mantenemos a la espera de que las cosas vayan a peor, irremediablemente irán a peor. No pensemos de más, no nos mantengamos a la espera de algo ideal, de la vida ideal, seamos felices no siendo conformistas, pero no nos mantegamos a la espera de algo que puede no llegar. La única que permanece a la espera, llamádme pesimista, es Doña Muerte.
Hace 11 años