Era hora de poner en marcha este blog, al que no auguro una larga vida. Blog naciente para combatir la pereza, la soledad y el tiempo libre.
Atravieso un momento con diversos cambios en mi vida pero éste, ni es el diario de niñas de períodos de entreguerra, ni de niños atormentados, no es más que un contenedor de párrafos, líneas y letras que difícilmente puedan resultarte de interés.
El tren, pese al traqueteo, el ruido y el tiempo de desplazamiento es, para mí, el medio de transporte con más encanto. Estaciones llenas de despedidas y encuentros, de lágrimas tristes y de emoción incontenida (también he contemplado lágrimas artificiales y vacías). Estaciones llenas de historias en definitiva.
Acabo de recibir una llamada de mi madre (a colación del tema) y esque los trenes encierran cierto misterio. Un tren que sale dirección Murcia y a los escasos cinco minutos de travesía, se detiene. Tras media hora de gente revisando vías y vehículo, sale el revisor y ordena desalojar los vagones. El secretismo de la seguridad y del personal ferroviario aumentó el desasosiego de los usuarios del cercanías. El resultado fue una peregrinación de viajeros en hilera por las vías del tren hasta la estación de origen. ¿Qué sucedió? Una avería técnica fueron los entrecortados argumentos expuestos por el personal.
Este post es un resalto ante una frase de un ser muy querido, relacionada con el ferrocarril, que me ayudó a ver más allá de mi propio autocompadecimiento ante una situación difícil, una ruptura sentimental. Hay muchas cosas bonitas ahí fuera que nos están esperando...
A Gonzalo...
Hace 11 años