Lo había vuelto a hacer. No sabía ni cómo ni por qué, pero había vuelto a caer y ahora me sentía mal. Fatal. Tenía ganas de llorar, pero ni siquiera tuve esa mínima autocompadecencia para permitírmelo. No merecía ni eso. Haciendo “eses” por la calle, encendí un cigarrillo que ni siquiera quería fumar, mientras rebuscaba en los bolsillos con la esperanza de encontrar lo justo para el bus de vuelta a casa.
Todavía tenía grabado el olor de su sexo en la boca, nariz y pómulos, y lo que antes había sido para mis sentidos una agradable experiencia, ahora me producía esa extraña sensación que uno tiene justo antes de vomitar. Intentaba consolarme, pensar que mi comportamiento respondía a una situación que yo no había elegido, y que no me había quedado mas opción que esa para evadirme del fracaso que sobrevolaba mi relación. Era eso o admitir que era otro tipo cabrón del montón, de los que van a lo suyo sin importarles las mujeres que tanto les cuidan y les apoyan.
Las calles de la ciudad ya se estaban despertando, abriendo paso a repartidores de periódicos, señoras que limpiaban los portales de los edificios céntricos de la ciudad y jóvenes trajeados que pretendían apuntarse un tanto llegando una hora antes al trabajo. Me dolía el cuello, la parte alta de la espalda, y los brazos, sin duda doloridos por un sobreesfuerzo al que ya no estaba acostumbrado. Subí por una gran avenida, dejando el mar a mis espaldas, con el continuo deseo de volverme una vez más para mirarlo, para verlo en calma. Sería por eso mi anhelo, por las ganas que tenía de volver a casa y llorar tranquilo, en calma. Cuando llegué a la parada tuve que destacar más de lo normal, y mi ropa de fiesta y mi cara de no haber pegado ojo lo decían todo sobre mí. Tanto fue así que una señora me ofreció un caramelo de café y una sonrisa comprensiva, como diciéndome que no había nada en este mundo que ese caramelo no curase. Así que accedí, y me senté a pensar lo buena y lo mala que era mi vida, según la pusiera del derecho o del revés.
Mi historia acaba aquí, viendo llegar el autobús a lo lejos, porque luego no pasó nada, nada importante quiero decir. Seguí con mi vida, y con la penitencia de llevar eso dentro, que me quemaba, que me corroía las entrañas. Era la última vez que lo hacía, eso si lo tenía claro. Hoy le he pedido que se case conmigo, y a ella sólo le ha salido llorar y sonreír, y a mi también. La diferencia entre nuestras lágrimas es evidente. Ella porque me quiere y porque no se imagina su vida sin mí, y yo porque sé que nunca jamás estaré a su altura.
Pablo Orozco
Es un auténtico placer que hayas compartido tu relato en el blog, tiene todos los ingredientes que busco a la hora de escribir. Ojalá te sirva como impulso para comenzar a escribir. Un abrazo Pablo
ResponderEliminarme ha emocionado... sientete orgulloso de tener la capacidad de emocionar con palabras. eres tu, no eres ningun capullo mas.
ResponderEliminaragradezco muxo vuestras palabras de animo :) al final me vais a dar ganas de seguir jejeje
ResponderEliminarOjalá pierdas ese miedo a seguir y continues haciéndolo, publicando o sin hacerlo te va a reconfortar. Es como desnudarte ante la gente. En mi caso, me resulta difícil transmitir lo que llevo dentro y este ejercicio me sirve de liberación.
ResponderEliminarya tienes colaboradores y todo!! estas que lo tiras Pablo!! jeje
ResponderEliminarÁnimo al autor a que siga compartiendo sus textos, una vez te sacudas esa presión inicial incluso llegarás a disfrutar como el exhibicionista de este Blog que le mola el rollo del desnudo público (aunque sea en la Web) :)
un saludo!
Fascinante al autor, no hay nada mejor para un buen lector, que saber detectar que sientes en cada momento, para después escribirlo, es algo muy confuso que parece ser fácil.... Tienes un mucho
ResponderEliminarmérito sabiendo escribir sentimientos y situaciones mezcladas. ¡ánimo! sabes que para los lectores, vosotros sois una fuente de ayuda.... ¡Enorabuena!
Me ha encantado,realmente expresas los sentimientos que se sienten en un momento como ese...mucho animo crack y sigue escribiendo!
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